Hay momentos impagables
Ahí va mi propuesta. Llegar a casa, soltar el bolso, quitarse los zapatos y ponerse cómodo. Imprescindible un poquito de música tranquila, a ver... sí hoy toca Passenger, y un té recién hecho que humea en la taza. Luego solo queda buscar esa esquina en el sofá, nuestra preferida, y abrir el libro.
Comienza el viaje y yo me voy derechita, de la mano de El despertar de la señorita Prim, a San Ireneo de Arnois... un pueblo que se niega a avanzar con la modernidad. Un libro que, como mi té, me recuerda el valor de las pequeñas cosas.
¡Feliz día del libro!